Jueves, 24 de Septiembre de 2026

La economía de EE.UU. según Trump

ChileEl Mercurio, Chile 24 de septiembre de 2026

Tiene razón en destacar los logros en empleo y reducción de la pobreza, pero omite hablar de la inflación y la deuda, sus puntos débiles.

Los primeros minutos de su intervención ante la asamblea de la ONU, esta semana, en Nueva York, los dedicó Donald Trump a presentar su visión respecto del estado de la economía de su país. Si bien la audiencia era distinta, el contenido y tono fueron similares a los que ha utilizado en sus discursos sobre el estado de la Unión, cada año, frente al Congreso pleno. Así, el foco estuvo puesto en lo que él mismo calificó como una gestión económica extremadamente exitosa.
En el contexto global, con múltiples países europeos sufriendo el atraso propio de economías rígidas y que han quedado distanciadas de la frontera en cuanto a la revolución tecnológica actual, y con China aún enfrentada a demostrar que su desempeño económico no será frenado por las restricciones a las libertades que impone el régimen, hoy Estados Unidos emerge como la nación que impulsa la economía del planeta. La innovación constante de su industria tecnológica, la solidez de su mercado financiero y un mercado laboral flexible son los pilares. Y en este sentido, si bien no todas las aseveraciones de Trump fueron precisas, su foco en los logros del país en materia de creación de empleo y reducción de la pobreza tiene un sustento sólido y real.
En efecto, de acuerdo con los datos de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), la economía estadounidense ha creado más de un millón de empleos privados durante el período enero 2025-agosto 2026. De este modo, la tasa de desempleo se ha mantenido en niveles bajos, alcanzando el mes pasado un 4,1% para el total de la población, inferior al 4,3% de agosto del año pasado. Entre las mujeres adultas, el desempleo alcanza el 3,5%, por debajo del de los hombres. Y también entre los latinos y la población negra la cifra ha caído en forma importante.
Consistente con lo anterior, la actual medida oficial de pobreza es la menor desde 1959: 10,2% el 2025, lo que significó una reducción de 0,5 puntos porcentuales respecto del dato previo, equivalente a sacar a cerca de 1,5 millones de personas de esta situación. Es un logro indiscutible. Todo esto, además, en un contexto donde los ingresos de los hogares han crecido un 2,6% en términos reales, superando la mediana los 87 mil dólares el año pasado.
Ahora bien, aunque EE.UU. está creciendo, el análisis de los números indica que precisamente en esta materia es necesario ser cautos. Las altas tasas de crecimiento observadas en los últimos años han evolucionado hacia una cierta normalización en 2026. Específicamente, mientras que en el primer trimestre el crecimiento anualizado fue de 2,1%, en el segundo, el guarismo fue de 1,5%. No son cifras despreciables -más aún para una economía que ha sufrido el impacto de mayores aranceles y de un alto precio del petróleo- pero tampoco niveles que deban inducir a un optimismo desbordado. Ello, sin desconocer que este conjunto de datos da sustento a la insistencia del mandatario en destacar la fortaleza de la economía que gestiona.
A lo que Donald Trump no se refirió, sin embargo, fue a dos temas complejos que mantienen a los mercados alertas respecto de la dirección que pueda tomar Estados Unidos hacia adelante.
En primer lugar, una inflación de 3,4% en doce meses, que se mantiene así por sobre el objetivo de política (2%), lo que no solo genera presiones sobre los presupuestos de los hogares, sino que también ha forzado a la Reserva Federal a aumentar, en su última reunión, su tasa referencial; más aún, de acuerdo con el mercado, la probabilidad de una segunda alza durante 2026 se ha elevado hasta el 70%. Trump ha planteado que una mayor inflación puede ser el precio a pagar para evitar que Irán tenga la capacidad de construir una bomba nuclear. El impacto político de esta visión se podrá evaluar luego de las elecciones de medio término, en noviembre.
Pero probablemente hoy la mayor amenaza a la primera economía del planeta sea el tamaño de su deuda, que no muestra señales claras de revertir su tendencia al alza. La preocupación se ha traducido en un fuerte aumento en los intereses de los bonos del tesoro a plazos largos. De hecho, en la jornada de ayer el bono a 10 años subió casi un 3%, una variación peculiar para un instrumento referencial en todo el mundo. Sin un plan de control de deuda, la administración Trump no logrará contener las aprensiones de largo plazo respecto de la salud de la economía estadounidense. Este fue un tema ausente de su discurso, pero que sin duda recibe la atención diaria de los mercados.
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