La séptima silla
El siete tiene algo de número mágico
El siete tiene algo de número mágico. Aparece en los días de la semana, las maravillas del mundo y hasta los pecados capitales. Pero también tiene una virtud más terrenal al decidir: permite suficientes voces sin ser demasiadas y no se puede partir en dos. Cuando seis se dividen, siempre queda uno. Esa simple aritmética será importante la próxima semana en la Junta Directiva del Banco de la República. El nuevo ministro de Hacienda decidirá, por primera vez, sobre tasas junto con los otros seis miembros, justo cuando el equilibrio de esa mesa puede importar tanto como las cifras. Pocas veces la Junta había estado tan dividida. De un lado, la que hasta hace poco era mayoría se inclinó por subir las tasas ante una inflación persistente, alimentada por decisiones que el propio ocupante de esa silla impulsó: un desproporcionado aumento del salario mínimo y un desajuste fiscal. Del otro, los tres restantes insistieron en bajarlas, dando mayor peso al costo sobre la actividad. La última reunión, sin embargo, rompió sorpresivamente ese equilibrio. Un voto cambió de lado y, con él, una decisión que muchos daban por descontada. Falta saber si el gerente de ese cambio encontrará razones para volver al otro bando. Y razones podría haber. Afuera, la Reserva Federal volvió a subir sus tasas después de tres años ante persistentes presiones inflacionarias, incluso bajo el timón de Warsh (nombrado por Trump, principal opositor a subirlas). Acá, la inflación sorprendió al alza en agosto, llegó a 6,2% y podría acercarse al 7% al cierre del año, con un Niño que se creció. El dólar a $3.000 tuvo un efecto limitado para contener las presiones inflacionarias y ya visita niveles por encima de $3.300. La actividad, aunque pierde fuerza, ha resistido más de lo previsto. Pero la séptima silla, además de aportar un voto, es quizas la que más puede incidir para evitar una nueva subida. Revertir el legado de su antecesor es la tarea más apremiante para contener la inflación. Eso requerirá pruebas de que el ajuste fiscal es una realidad y de que, en la discusión del salario mínimo que pronto comenzará, primará lo técnicamente deseable. Las acciones hablan mucho más fuerte que las palabras. Sin pruebas suficientes, puede que al ministro le toque hacer justamente lo que menos quisiera: aceptar o incluso apoyar una subida de tasas, cuando su Gobierno quiere reconstruir, reactivar la economía y cumplir el milagro prometido. Paradójicamente, muchos del Gobierno preferirían verlo del mismo lado de la mesa que su antecesor que tanto han criticado. En fin, una séptima silla que puede definir, incidir y quedar entre la espada y la pared. La magia del siete, una vez más.
César Pabón
Director de Investigaciones Económicas de Corficolombiana.