Economía, salir de la planicie
Más de una década de altas regulaciones no ha sido algo inofensivo para el país.
La contracción de la actividad en agosto -medida por la variación de Imacec en el octavo mes del año con respecto al mismo mes de 2025- representa el sexto registro negativo en los primeros ocho meses de 2026, dando cuenta de que la debilidad económica se ha vuelto persistente. En términos desestacionalizados, la actividad en agosto es 2,7% inferior a la de diciembre. Aunque la principal -y más importante- explicación viene por la debilidad de la minería, otros sectores productivos también muestran rezago. Así, si la actividad de la minería se ha contraído un 19% en comparación con diciembre de 2025, la actividad no minera cayó un 0,2%, impulsada por la caída del comercio, de 3,4%; de la industria, de 0,8%, y por un pequeño aumento de 0,5% en servicios.
La debilidad de la minería es particularmente llamativa, considerando los precios récord del cobre. En esto, es importante recalcar la diferencia entre la producción minera, que representa cerca del 10% del PIB, y la inversión en el sector. La producción -esto es, la cantidad de mineral extraído en sus distintas formas- responde a inversiones realizadas en el pasado, a la calidad de las minas y a la realidad de cada momento en los procesos, y no tanto al precio spot del metal. Este alto precio es un impulsor de nuevos proyectos, pero su materialización solo impactará la producción futura.
La falta de dinamismo en otros sectores es también llamativa, toda vez que un impulso en la inversión y en el consumo debería trasladarse a mayor actividad industrial, comercial y de servicios. La debilidad de estas áreas da cuenta de que la demanda interna aparece restringida. Las razones no son claras, aunque hay candidatos obvios. El alto desempleo ha afectado los ingresos de los hogares, que mantienen limitadas sus compras. A su vez, el aumento de la inversión en minería -importante, pero lejos de los máximos en el ciclo anterior- sucede al mismo tiempo que el sector inmobiliario muestra baja actividad, al igual que otras industrias.
La agenda del Gobierno para enfrentar esta debilidad va en la dirección correcta, pero parece ser insuficiente. La estrategia ha sido eliminar ciertas trabas a la producción, que la han encarecido excesivamente; la llamada permisología y los altos costos laborales son ejemplos de aquello. Sin embargo, el escenario actual muestra que más de una década de altas regulaciones no ha sido algo inofensivo, y que las condiciones de oferta no son rápidamente modificables. La expectativa de un cambio rápido de rumbo se ha enfriado, y hoy predomina la idea de que retomar un mayor crecimiento tendencial será complejo. Posiblemente, esto ha contribuido a enfriar los planes de gasto, tanto de hogares como de empresas. Un impulso más decidido y bien orientado por parte del Gobierno, combinado con un mensaje realista pero esperanzador sobre lo que se está haciendo, son condiciones necesarias para salir del valle en que se encuentra la economía.