2030: año límite para la autosuficiencia petrolera
Colombia tiene una ventana de tiempo para asegurar nuevas oportunidades de exploración petrolera: los contratos actuales llevarían la actividad exploratoria hasta 2030, por lo que la firma de nuevos acuerdos y las decisiones sobre los yacimientos no convencionales se convierten en asuntos centrales
Colombia tiene una ventana de tiempo para asegurar nuevas oportunidades de exploración petrolera: los contratos actuales llevarían la actividad exploratoria hasta 2030, por lo que la firma de nuevos acuerdos y las decisiones sobre los yacimientos no convencionales se convierten en asuntos centrales. Así lo advierte Frank Pearl, presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas (ACP), quien pide al Gobierno avanzar en las condiciones que permitan desarrollar nuevos recursos y convertirlos en reservas y barriles. La preocupación de la industria es que los proyectos petroleros necesitan varios años para pasar de la exploración a la producción comercial. Por eso, las decisiones que se tomen ahora tendrán efectos sobre la capacidad del país para mantener su actividad durante la próxima década y evitar que la incorporación de nuevos recursos pierda ritmo. "Vemos con buenos ojos la posibilidad de que Colombia vuelva a construir un portafolio permanente de oportunidades exploratorias. La exploración debe ser parte de una política energética de largo plazo", señala Pearl. El dirigente gremial considera indispensable reactivar la firma de contratos y ofrecer condiciones que permitan ejecutar los proyectos. La discusión no se limita a abrir nuevos bloques: también incluye la estabilidad jurídica y fiscal, los trámites ambientales, las consultas previas, la seguridad en los territorios y la competitividad económica de las inversiones. La meta planteada por el Gobierno de recuperar una producción de un millón de barriles diarios también depende de esas decisiones. Colombia llegó a producir alrededor de ese volumen durante varios meses entre 2013 y 2015, pero volver a alcanzarlo requiere desarrollar descubrimientos existentes, aumentar la recuperación de los campos en operación y sumar recursos nuevos. El reloj de los contratos petroleros La ACP sostiene que la exploración debe recuperar un lugar permanente en la política energética colombiana. Según Pearl, con los contratos actuales la actividad exploratoria termina en 2030, una perspectiva que hace necesario definir cómo se garantizarán nuevas oportunidades para descubrir y desarrollar hidrocarburos. Sin embargo, firmar un contrato no significa que el país vaya a recibir nuevos barriles de inmediato. Bajo el modelo contractual de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), el periodo exploratorio puede extenderse hasta seis años. Si se encuentra un yacimiento, el programa de evaluación puede tomar hasta dos años antes de que se declare su comercialidad. Después de esas etapas, los proyectos necesitan avanzar en su desarrollo, asegurar las condiciones operativas y económicas y contar con la infraestructura requerida para llevar los hidrocarburos al mercado. "Un nuevo contrato no significa petróleo nuevo mañana", afirma Pearl, al explicar que el tiempo necesario para aumentar la producción dependerá de los resultados exploratorios y de la posibilidad de agilizar los trámites previos a las operaciones. La estabilidad de las reglas también incide en las decisiones de inversión. Un proyecto de hidrocarburos compromete capital durante varios años y, cuando los tiempos de ejecución son inciertos o cambian las condiciones regulatorias, aumenta el costo de financiarlo. En esas circunstancias, parte de los recursos puede dirigirse a otros países. Para recuperar el ritmo de exploración y desarrollo, la ACP propone establecer incentivos, reactivar la firma de contratos y asegurar procesos ambientales y de consulta previa oportunos y predecibles. A ello se suma la necesidad de garantizar la continuidad de las operaciones en las regiones productoras, donde los bloqueos y los problemas de orden público pueden afectar la producción, las inversiones y las comunidades vinculadas con la actividad. Mientras maduran nuevas oportunidades, la industria también plantea aumentar la producción de los campos existentes mediante proyectos incrementales y técnicas de recobro mejorado. Estas iniciativas podrían ayudar a sostener los volúmenes actuales, aunque no sustituyen la necesidad de incorporar nuevas reservas mediante la exploración. "Colombia todavía tiene margen para actuar. La producción de finales de esta década y de la siguiente se empieza a construir con las decisiones de inversión que tomemos hoy", sostiene el presidente de la ACP. Fracking: la
decisión pendiente La reactivación de los contratos no es la única discusión que plantea la industria. La ACP también pide definir el camino para desarrollar comercialmente los yacimientos no convencionales (YNC), una alternativa que considera relevante para aumentar los recursos disponibles de petróleo y gas. Las estimaciones citadas por Pearl sitúan el potencial de estos yacimientos en aproximadamente 8.234 millones de barriles de petróleo y 167 tera pies cúbicos (TPC) de gas. Se trata de recursos potenciales, no de reservas probadas, por lo que su aprovechamiento dependería de las decisiones necesarias para evaluarlos, desarrollarlos y llevarlos al mercado. "Colombia no tiene un problema de falta de recursos; tiene el desafío de convertir esos recursos en reservas y producción", afirma. Para el dirigente, el país no debería descartar esta alternativa si busca recuperar su producción petrolera y fortalecer su seguridad energética. La técnica de fracturamiento hidráulico, conocida como fracking, cuenta con décadas de desarrollo y experiencia internacional, mientras que Colombia dispone de normas y modelos contractuales aplicables a los yacimientos.