Lunes, 19 de Octubre de 2026

Un regreso que merecía más

ChileEl Mercurio, Chile 19 de octubre de 2026

La ópera volvió al Teatro Municipal de Viña del Mar después de décadas de ausencia, y la noticia merece celebrarse

La ópera volvió al Teatro Municipal de Viña del Mar después de décadas de ausencia, y la noticia merece celebrarse. La restauración ha devuelto a la ciudad un teatro hermoso, cómodo y acogedor, cuyo público respondió con entusiasmo: las entradas para las dos funciones de "La Traviata" se agotaron en apenas dos minutos. Por eso mismo, la producción de Lírica Disidente, agrupación que ha desarrollado iniciativas interesantes, no terminó de estar a la altura de lo que esta ocasión prometía. Recuperar un espacio para la ópera supone también el desafío de ofrecer espectáculos capaces de responder a las expectativas que ese reencuentro despierta.
La puesta en escena de Ignacio Ramírez propone un universo de grises, negros y blancos, con una atmósfera fúnebre desde el comienzo. La protagonista aparece calva, sin que la propuesta permita comprender del todo si se trata de una decisión estética o de la representación de una enfermedad, y en un estado de agotamiento prematuro. Los espejos, que tienen gran presencia en todos los actos, tampoco llegan a adquirir una función expresiva suficientemente clara. En el segundo acto, convertidos en paneles con guirnaldas de flores, sirven para que Germont las retire durante su encuentro con Violetta, en una imagen que busca representar el desmantelamiento de la felicidad de la mujer. La idea tiene posibilidades, pero su ejecución distrae de la música y termina subrayando algo que el dúo ya expresa con extraordinaria intensidad. El desenlace, sobre una cama inflable tan vistosa como incómoda, tampoco encuentra la dimensión trágica que reclama la escena, con la excepción del juego de manos de Violetta sobre fondo negro durante "Addio del passato". El programa anuncia una mirada contemporánea centrada en la tensión entre la imagen pública de Violetta y su búsqueda de una vida auténtica. Sin embargo, esa contradicción no tiene nada de nuevo: constituye desde el origen el núcleo de la obra de Verdi y Dumas.
Miguel Ángel Castro dirige la Orquesta Filarmónica La Traviata, integrada por profesionales y estudiantes reunidos especialmente para estas funciones. La iniciativa de convocar a músicos de distintas trayectorias merece reconocimiento; sin embargo, la ejecución mostró dificultades de flexibilidad y coordinación con el canto, con desajustes que afectaron la continuidad de varios pasajes. También faltó cuidado en los balances y una mayor capacidad para sostener la tensión dramática. El Sortilegio Vocal Ensamble afrontó una escritura coral que exige conocimiento estilístico, empaste y precisión, aspectos que no siempre alcanzaron el nivel necesario.
Annya Pinto fue el principal sostén de la función. Su Violetta evolucionó progresivamente y encontró en el último acto sus momentos más logrados. Posee una voz lírica de extensión suficiente y una línea vocal cuidada; queda por desarrollar con mayor claridad el arduo arco dramático del personaje. Mauricio Etchebehere, como Alfredo, mostró dificultades importantes en la preparación vocal y actoral del papel, que limitaron su capacidad para sostenerlo con la solvencia requerida. Leandro Abreu, como Germont, dispone de una voz de gran volumen, aunque una emisión y un fraseo de sonoridad agreste, junto con una expresividad poco matizada, restaron relieve a su interpretación. Completaron el elenco Nataly García (Annina), Valeria Vega (Flora), Pablo Carrasco (Gastone), Íñigo Poutay (barón Douphol) y Nikolas Tobar (doctor Grenvil).
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