Miércoles, 21 de Octubre de 2026

No matarás

ChileEl Mercurio, Chile 21 de octubre de 2026

Creo que la pena de muerte es inmoral, y que, al imponerla, el Estado le da a la sociedad un pésimo ejemplo. ¡Ojo por ojo!

Dos condenados a muerte en Estados Unidos nos han estremecido últimamente. Son Nidal Malik Hasan, de 56 años, y Christa Gail Pike, de 50.
Hasan, un oficial del ejército, cometió una masacre en Fort Hood, Texas, el 5 de noviembre de 2009. Mató a 13 personas e hirió a 32 más, mientras gritaba Allahu Akbar, Dios es grande. En su juicio, dijo que actuaba en defensa de los talibanes. Lo van a fusilar este 3 de diciembre. Pete Hegseth, el secretario de Guerra, quería transmitir la ejecución en vivo, pero Trump desistió, y se realizará en privado.
En cuanto a Pike, ella cometió un asesinato brutal el 12 de enero de 1995. Tenía 18 años. Con dos cómplices, llevó a Colleen Slemmer, de 19, a un bosque cerca de la Universidad de Tennessee. Pike creía que Slemmer le quería quitar el pololo. Para castigarla, la torturaron hasta que Pike la mató aplastándole la cabeza con un trozo de asfalto. Pike se llevó un fragmento de la calavera de Colleen a la universidad y lo mostró, orgullosa, a sus amigas. Tras más de 30 años de juicios en que la han tenido, generalmente, en aislamiento, Pike fue llevada a una cámara de ejecución este 30 de septiembre. Dos veces le inyectaron pentobarbital. Sobrevivió. Ahora está recluida de nuevo, no sabemos si otra vez en aislamiento.
El asesinato que cometió Pike es horrendo, y por mucho que estuviera perturbada al cometerlo (parece que fue violada reiteradamente por la pareja de su abuela entre sus 2 y 5 años, por un vecino a los 11 y por un desconocido a los 17), no es un caso (hay muchos) de persona inocente condenada a muerte por error. Para qué hablar de Hasan. Su crimen es igual de execrable.
El tema es si cabe ejecutarlos.
Yo creo que no. Porque creo que la pena de muerte es inmoral, y que, al imponerla, el Estado le da a la sociedad un pésimo ejemplo. !Ojo por ojo¡ Es como los narcos ajustando cuentas.
Es decidor que hasta Trump optó por no transmitir la ejecución de Hasan en vivo. Desde ya los fundamentalistas habrían usado el video para reclutar. Más importante aún es que, según las encuestas, una mayoría de estadounidenses, una mayoría incluso de los que apoyan la pena de muerte, no quería que se filmara. No querían ver morir a Hasan. Eso nos dice que en el fondo la gente siente que hay algo oscuro en la pena de muerte; y entre los que la aprueban, algo de -quizás sana- hipocresía.
Antes, las ejecuciones sí eran públicas en muchos países, y las turbas que las presenciaban reunían la peor escoria humana, una que se dejaba llevar por el más vil de los sadismos colectivos, ese que se regocija con el sufrimiento ajeno justamente porque es ajeno. Actualmente las ejecuciones públicas persisten solo en países como Irán o Afganistán.
En cuanto a la ética del tema, vale, creo yo, la simple pregunta, irónica, que hace el Príncipe Myshkin, el Idiota de Dostoievski. "Está escrito: 'no matarás'. Así que al que mató, ¿hay que matarlo?". Agrega Myshkin que la pena de muerte es peor que un asesinato normal por el tiempo que tiene que vivir el condenado con la certeza de que lo van a matar. En un asesinato normal la muerte suele ser repentina, imprevista.
Peor aún que esa certeza es, creo yo, la premeditación en que incurre el Estado. En Estados Unidos, llevan más de 31 años premeditando la ejecución de Pike, y 16 la de Hasan, y en ambos casos esa premeditación involucra a funcionarios sanos de mente, a diferencia de una Pike, quien actúa en un arrebato de locura. Por eso, cuando los reos están años esperando que se les mate, deben pensar que lo que hicieron es poco comparado con lo que les están haciendo a ellos.
¿Tal vez por eso mismo tengan razón los que creen que la pena de muerte sirve para disuadir? No lo creo, porque para muchos reos es preferible morir que ser condenado a cadena perpetua. La disuasión más eficaz es otra: la probabilidad de que los capturen. Para eso en Chile necesitamos más policías, mejores jueces y fiscales, mejor tecnología, y servicios de inteligencia que merezcan así llamarse.
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