Riesgos de la polarización
La contaminación del Poder Judicial por la política partidaria y electoral, en varios países es una nota cada vez más frecuente.
Quién iba a decirnos que más de doscientos años después, tuviéramos que recordar a Montesquieu y su reconocida y fundamental obra sobre la imprescindible "separación de poderes" para garantizar las libertades y la democracia?
Pues bien, los hechos ocurridos en Brasil, no sólo los vinculados al propio acto electoral, sino las características de la campaña electoral y algunas de sus derivaciones, pusieron en evidencia que este principio fue virtualmente desconocido y dejado de lado, a la luz de la participación directa de diversos magistrados judiciales que, para un lado y para el otro, interfirieron de manera relevante en los avatares de la campaña electoral y también en la propia instancia de votación.
No es que no hayan ocurrido antes, lamentablemente en ese país y también en otros de América Latina, han existido, en diversos momentos, actuaciones que cruzaron las líneas de las competencias entre los Poderes del Estado, afectando el equilibrio y las garantías para sus ciudadanos y sus derechos.
Sin embargo, lo que ha ocurrido en Brasil no es más que un reflejo de tendencias más generales y amplias que están avanzando en muchos países del mundo.
Estamos viviendo tiempos oscuros cuando se observa la realidad desde la óptica de la vigencia de los principios democráticos, del liberalismo político y de la vigencia del Estado de Derecho.
Se han consolidado en diversos países, particularmente en la mayor parte de las principales potencias mundiales, liderazgos de talante autocrático que, más allá de los diferentes órdenes institucionales, han forzado al límite e incluso han avasallado las normas institucionales.
En algunos países favorecidos por marcos institucionales autoritarios preexistentes, pero también en los países democráticos se observa una fuerte tensión entre las normas y el ejercicio excesivo del poder desde los Poderes Ejecutivos.
A su vez, la contaminación del Poder Judicial por la política partidaria y electoral, en varios países es, como dijimos más arriba, una nota cada vez más frecuente.
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial se fue consolidando un orden jurídico mundial fundado en la prevalencia de los organismos multilaterales y el respeto al derecho internacional.
Sin embargo, hoy estamos asistiendo, perplejos, a su decaimiento y sustitución por el viejo y nefasto principio de "la ley del más fuerte". Lo que lleva a una grave afectación de derechos y libertades de millones de seres humanos a lo largo y ancho del mundo y la proliferación de escenarios bélicos en diferentes regiones.
Esta tendencia tan negativa se alimenta de una lógica que se ha instalado en muchos países, en la que emergen sistemas políticos altamente polarizados. Las disputas electorales y políticas se construyen sobre la existencia de dos bloques que expresan, muchas veces, posiciones radicales e irreconciliables que, además, "tironean" a los ciudadanos hacia los extremos, debilitando o diluyendo el espacio para las posiciones moderadas y tolerantes.
Hace casi cincuenta años, el brillante polítólogo italiano, Giovanni Sartori, describió este tipo de sistema de partidos en su libro "Partidos y sistemas de partidos" al analizar lo que él llamó "pluralismo polarizado", señalando que se trataba de un tipo de sistema poco frecuente (estamos hablando de los años 80) y que tenía un componente de alta inestabilidad y riesgo de ruptura institucional.
Pues bien, este modelo de estructuración de la competencia electoral se ha ido incrementando en la política del Siglo XXI con todos los riesgos que ello conlleva, porque además transcurre en un tiempo de reestructuración del poder mundial que no se ha completado y aumenta aún más los riesgos de crisis y confrontación.
En nuestro país, el sistema político también ha derivado en los últimos tiempos hacia una configuración de dos bloques que se disputan y alternan en el poder. Los debates, las posiciones y los proyectos son, efectivamente, diferentes y, en muchos aspectos, radicalmente distintos.
Sin embargo, como "lo cortés no quita lo valiente" hemos mantenido niveles de tolerancia y diálogo que han permitido una convivencia democrática. Además, y aquí está la principal razón, la competencia política y electoral se construye hacia el centro del sistema político, lo que aumenta la moderación y la tolerancia entre los adversarios.
La alternancia en el poder desde el retorno a la democracia, ha demostrado que los cambios de partidos o coaliciones en el gobierno no generan rupturas o circunstancias dramáticas. Lo que no quiere decir que las opciones y formas de gobernar no sean muy diferentes.
Como en otros temas, que tengamos hoy este capital construido no significa que no pueda cambiar en los próximos tiempos, sobre todo porque el mundo hoy manda señales de polarización y confrontación que, más tarde o más temprano, pueden ser contagiosas.
Algunas señales ha habido, por ejemplo en los cuestionamientos e intentos de sustitución de la Fiscalía.