Domingo, 01 de Noviembre de 2026

‘Hemos perdido la oportunidad de crecer como resultado de un gran entusiasmo nacional’

ColombiaEl Tiempo, Colombia 1 de noviembre de 2026

Entrevista Bruce Mac Master
El martes, luego de 13 años, Bruce Mac Master estará por última vez en su oficina de presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi)

Entrevista Bruce Mac Master
El martes, luego de 13 años, Bruce Mac Master estará por última vez en su oficina de presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi). Saldrá con sus cosas, especialmente con su bonsái de 43 años de edad. Mac Master se retiró tras una polémica planteada desde círculos cercanos al nuevo gobierno y habla por primera vez desde esos hechos, para hacer un balance de su paso por el gremio. Resalta cómo bajo su dirección los empresarios, más allá de ser generadores de empleo y productores, también decidieron que al asociarse fueran "un agente muy vivo de la sociedad" en frentes como la sostenibilidad, lo social, la superación de la pobreza o la conversación con el territorio. Un propósito alimentado por los hechos de la realidad como el proceso de paz, los estallidos sociales, los reclamos de espacio por parte de los estudiantes o la pandemia y la vacunación. ¿Ese enfoque social cómo se traduce en hechos? Te pongo unos ejemplos notorios. Había una pequeña fundación en la Andi. La repotenciamos: se convierte en una fundación de segundo piso y comienza a apoyar a todo el ecosistema de fundaciones empresariales en cosas como, por ejemplo, la inclusión de género, de migrantes, de gente que se termina desmovilizando. Creamos unos proyectos que se llaman Vamos Colombia, para llevar grupos grandes de empresas al territorio, y comienzan a trabajar con la gente y a generar los diálogos. Uno de los más importantes fue cuando en medio de los procesos de desmovilización nos vamos 700 personas al cañón de las Hermosas, y me acuerdo mucho de que el comandante de Policía del Tolima me dice: "Dr. Bruce, quiero que venga conmigo". Caminamos 15 o 20 minutos y me encuentro un agente de carabineros sobre un caballo, y me dice: "Vea, ese agente ahí es el primero que pisa esta parte del territorio colombiano después de 42 años". Durante la pandemia tomamos la decisión de unir a los empresarios —no afiliados a la Andi, sino empresarios colombianos— para el primer gran programa de vacunación privada contra el covid, que se convirtió en el mayor programa de vacunación privada del mundo, con más de 2’100.000 vacunas, y que costó 250.000 millones de pesos que conseguimos con todo el ecosistema de empresas. O lo que hicimos ahora con el terremoto: una convocatoria que termina la primera semana, el 14 de agosto, con compromisos de donaciones de más de 218.000 millones de pesos. Luego, varios de los grandes donantes del país me llaman y me dicen: "Mira, si la Andi no hubiera hecho eso, nosotros luego no hubiéramos hecho todos los programas tan grandes que hicimos que condujeron a que hubiera más de 1 billón de pesos". En estos años hubo pandemia, movilizaciones y bloqueos violentos. ¿Qué otro momento duro destaca? Es muy crítico todo lo que sucedió durante los cuatro años del gobierno de Gustavo Petro. El Estado era el que estaba pensando en la anarquía; el que no estaba de acuerdo con la institucionalidad, ni siquiera con la Constitución. Terminamos dando esa defensa de la institucionalidad, de la democracia, del Estado de derecho, de la propiedad privada, de la libre empresa, del libre mercado. Algunas personas dicen que si no hubiera sido por el trabajo que hizo, entre otros, la Andi, también las cortes, probablemente no hubiéramos sido capaces de defender la democracia. Hubo otros momentos, por ejemplo, cuando el plebiscito, en el proceso de paz. Les enviábamos documentos a los negociadores y al Gobierno, con sugerencias, solicitudes y aportes. También hicimos un trabajo muy profundo para intentar acercar realmente a las partes en el plebiscito. Tuvimos una diferencia grande con el Gobierno tras el plebiscito cuando se implementa el Proceso de Paz. Y luego viene este cambio de gobierno, con unos episodios que terminan con el relevo en la Presidencia de la Andi. ¿Qué lecciones quedan sobre las relaciones del sector privado con el sector público? Muchas lecciones. La más importante, que uno tiene que mantenerse fiel a sus principios. Si no, esto pierde razón de ser. Esta organización, como está construida, es valiosa porque defiende principios superiores. Si uno pierde la posibilidad de defenderlos porque, por ejemplo, hay presiones indebidas o se trata de limitar el ámbito del trabajo, para alguien como yo pierde razón de ser. Algo que yo no pudiera aceptar, y esa es la razón por la cual termino retirándome. Si uno pierde la posibilidad de defender lo que construimos —porque al final no solo era la causa del empresariado, era la causa de la sociedad— es cuando digo: "Prefiero retirarme, no voy a estar en una entidad que eventualmente esté sujeta a esas presiones". No es un tema ni siquiera ideológico. Es un tema de principios. Ahora están en un proceso de sucesión. ¿Cree que lo que usted deja. o parte, podrá sostenerse? Tiene que ser el gran objetivo. Hay que tomar la decisión, y no me corresponde a mí, sino a la junta y los afiliados, de qué Andi se quiere en adelante. Tengo la ilusión de que lo que se ha construido se preserve y defienda. Por eso es tan importante no solo la selección de la persona que individualmente liderará el barco, sino también el apoyo que se le dé desde el gran colectivo del empresariado. Esto tiene que estar acompañado de que el Gobierno Nacional permita a la entidad cumplir su función a cabalidad. Si se limita eso, evidentemente vamos a tener una entidad con menos representatividad y menos capacidades de servir a la ciudadanía colombiana. ¿Qué faltó, después de 13 años? La posibilidad de trabajar mano a mano con un gobierno por una producción y desarrollo económico acelerado en Colombia. Yo sí tenía la ilusión de que con este gobierno se iba a poder producir un entorno que permitiera que Colombia por primera vez tuviera un acuerdo para que hubiera un crecimiento acelerado. La presentación en la asamblea en agosto era una gran propuesta de concentrar todos los esfuerzos de esta sociedad en crecer mucho. Para lograrlo se requieren muchas cosas que hoy no tenemos. Sobre todo, generar una inmensa confianza legítima dentro del empresariado, y no un empresariado que se sienta aislado, atemorizado o intimidado, sino un empresariado muy entusiasmado. Esa oportunidad la estamos perdiendo, y las cifras más recientes así lo demuestran. Hemos perdido la oportunidad de crecer como resultado de un proceso de gran entusiasmo nacional. ¿Percibe que se puede perder el impulso del cambio de gobierno? Todos los gobiernos tienen que aprovechar la energía colectiva que se genera alrededor de un triunfo electoral. Es su mejor momento y nunca lo van a recuperar. ¿Qué está pasando, por ejemplo, con el terremoto? La gente tiene gran cantidad de expectativas y reclamos de lo que espera del Estado. Es un desperdicio que no se haya aprovechado esa efervescencia para invitar y trabajar con todo el mundo. Yo sentía que el país todo estaba muy dispuesto a hacer un trabajo muy colectivo, inclusive haciendo sacrificios: "Yo pago más impuestos, yo creo más empleos, yo, de repente, no hago tantas exigencias en lo social". No hemos aprovechado eso, y al final termina siendo un desperdicio.
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