Miércoles, 04 de Noviembre de 2026

Convergencia técnica, impuestos y desigualdad

UruguayEl País, Uruguay 3 de noviembre de 2026

Pasan los ministros de Economía y Finanzas, de diferentes partidos y con buenas ideas, y deben terminar bancándose jugar de goleros y no de goleadores, de bomberos y no de constructores

En el evento celebratorio de los 30 años de "Economía & Mercado" se plantearon algunos temas que me interesa reflejar aquí y ahora.

Uno de ellos refiere a la "convergencia técnica" que se dio en nuestro país en esos 30 años. En aquel tiempo, las ideas en materia económica se presentaban de manera extrema y las propuestas de políticas económicas reflejaban semejante divorcio. Desde las privatizaciones y la reducción del Estado hasta el no pago de la deuda pública y la omnipresencia del sector público.

Hoy es claro que la situación es bien diferente y la mayoría de los economistas nos encontramos sin diferencias sustanciales y a pocos metros de distancia. Obviamente, siempre hay posiciones extremas, pero no se les lleva el apunte y no tienen incidencia.

En aquel evento yo atribuí a Danilo Astori una responsabilidad sustancial en ese proceso. Su propia evolución en materia de ideas y propuestas políticas refleja la convergencia hacia un "centro" común. Por cierto, del otro lado se fueron volviendo parte del mainstream posiciones más centradas y menos extremas, sin que haya una figura en particular, de la talla de Astori, que lo represente.

Así llegamos a nuestros días, en los que no resulta difícil coincidir entre colegas en materia de políticas económicas y objetivos en materia de crecimiento, inflación, pobreza y en materia fiscal. Seguirá habiendo diferencias sobre instrumentos, como en el caso de los impuestos, las transferencias a los hogares y cosas por el estilo. Y también en algunos casos, diferencias de énfasis con relación a las prioridades.

También se señaló en aquel evento que al mismo tiempo se ha dado una convergencia entre los políticos, pero hacia la mediocridad. En vez de aprovechar el consenso técnico, se sigue imponiendo entre ellos la lógica de la no reforma, de patear la pelota para adelante, de cambiar poco y nada el statu quo. Un ejemplo bien claro se da en materia fiscal. ¿Qué economista está conforme con el déficit de 4% y pico que ha sido una constante en los últimos 12 años? Pasan los ministros de Economía y Finanzas, de diferentes partidos y con buenas ideas, y deben terminar bancándose jugar de goleros y no de goleadores, de bomberos y no de constructores.

El segundo tema que quiero traer hoy es el impositivo. Está claro que a nadie nos gusta pagar impuestos, máxime cuando no vemos relación razonable entre ellos y lo que el Estado nos devuelve. Pero, más allá de eso, quiero poner foco en el IRPF. Un impuesto que sólo pagan tres de cada diez trabajadores, lo que prueba, dado el bajo mínimo imponible, que nuestro país es uno de ingresos bajos desde el punto de vista de las familias, al mismo tiempo que los salarios representan un costo elevado para las empresas, por los tributos que los gravan y, en el caso de las exportadoras, más todavía por el dólar barato.

Un impuesto que, junto con el IASS (que debió seguir siendo IRPF como se planteó desde el inicio), recauda hoy (12 meses a agosto) unos US$ 3.200 millones, un 18% de la recaudación bruta de la DGI. Y que, cuando fue introducido, en oportunidad de la reforma de 2007, vino a remplazar a otros tributos que fueron eliminados o cuyas tasas bajaron, en una reforma que fue neutral desde el punto de vista de la recaudación.

Yo no compartí, en aquellos tiempos, la incorporación del IRPF al sistema tributario. Había aprendido de Végh Villegas, que nuestro impuesto a la renta personal era el IVA, con tasas diferenciales según de qué bienes o servicios se tratara, exonerando a los de consumo más popular y complementándolo con un Imesi que, entre otros, gravaba a los bienes suntuarios. Por otra parte, en un país con bajo ahorro privado, lo exoneraba, gravando exclusivamente la fracción consumida del ingreso.

Con el tiempo entendí la lógica del IRPF, que dota al sistema tributario de una dosis de equidad.

Entendiendo que los impuestos son para recaudar y que es el gasto público, el presupuesto, el que debe estar a cargo de la distribución del ingreso, comparto que tengamos un IRPF que, no obstante, debería ser mejorado, ampliando las deducciones admitidas y llevándolo más hacia una idea de renta neta que de renta bruta.

El tercer tema que quiero destacar de todo lo que se planteó en el evento celebratorio del aniversario de este suplemente lo aportó Marcel Mordezki, experto en tecnología, que expuso con solvencia sobre Inteligencia Artificial. Si algo me quedó claro de su exposición fue que, a partir de la revolución en curso, vamos a un mundo que tendrá una mayor desigualdad.

Ya tenemos en nuestro país, una desigualdad significativa como queda expuesto cada vez que se conocen los resultados de las pruebas Pisa, que muestran que en nuestra sociedad conviven, con poca distancia entre sí, a vuelo de pájaro, Finlandia y países muy pobres de África. Las diferencias en el origen, en el entorno de donde nacemos, llevan a que luego, la brecha se perpetúe y se agigante.

Lo peor del caso es que esto podría ser muy diferente si en el sector público las políticas fueran otras y los recursos se manejaran mejor. Hay experiencias exitosas en el sector privado en las que, con otros sistemas educativos, con otros diseños institucionales y con menos presupuesto, se logra subsanar significativamente aquella brecha de origen. Otra vez los políticos. y también los sindicatos.

Y el tema planteado por Marcel me vuelve a llevar al del IRPF. Si la desigualdad va a empeorar con el avance de la IA, ¿qué vamos a hacer con una parte aún mayor a la actual de nuestra sociedad, de nuestros compatriotas, que va a quedar a la vera del camino si no se hace nada?

Parece claro que de algún lado deberán salir los recursos que habrá que aplicar a paliar esa situación y también resulta claro que el camino de la imposición personal a la renta deberá de ser necesariamente transitado.

Claro, ya dirán algunos que debería bajarse el presupuesto y el sector público y muchas otras cosas en las que coincidiremos desde el "deber ser" pero que, si somos realistas, política y políticos mediante, no habrá de ocurrir en el "ser".

Y quienes se lamenten por ello deben saber, desde ya y antes que nada, que, si esa situación no se atiende y si nuestro modelo de convivencia estalla, pagar más impuestos será el menor de sus problemas.
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela