Sábado, 07 de Noviembre de 2026

La visita y la película

UruguayEl País, Uruguay 7 de noviembre de 2026

El "Baño del Papa" no es el contenido de la visita de Juan Pablo II ni pretende serlo.

El 8 de mayo de 1988 Melo recibió a Juan Pablo II. Ese día marcó la vida y la historia de una ciudad que vaya si tiene historia. La sola presencia de la mayor personalidad que tuvo el mundo en el siglo XX hubiera bastado. Pero hubo júbilo popular, y mensajes de valor y contenido que quedaron grabados.

Juan Pablo fue recibido por Monseñor Roberto Cáceres. Obispo de Melo por 34 años, y Obispo Emérito de la Diócesis desde el 96 al 13 de enero de 2019, en que partió a la eternidad. Figura Santa y de carisma único. Hombre sabio. Tan sabio como humilde y sencillo. Dueño del don de la palabra. Orador impresionante. De discurso profundo y palabra sin rebusques. Junto a Ratzinger, los últimos sobrevivientes que participaron en las cuatro instancias del Concilio Vaticano II. Su escudo, una cruz. Su lema, "In nomine Dei", "En el nombre de Dios". Sencilla sabiduría.

Nuestro pueblo disfrutó de su guía. Incluso cuando ya se había retirado a la San José Obrero de Treinta y Tres, para no hacer sombra a sus Obispos sucesores.
Ese 8 de mayo junto a su pueblo, pronunció un discurso donde pintó nuestra comunidad, ese barrio, entonces muy pobre, el cementerio donde descansan los nuestros, el camino al trabajo de muchos humildes de nuestro pueblo, y también palabras que inspiraron parte de la Homilía de Juan Pablo, en referencia a la tierra. A su espera de ser labrada, y a la felicidad que se iba a generar cuando la tierra se volviera a plantar. Tiempo después la tierra se volvió a plantar y la felicidad ganó los rostros. No olvidamos aquello de la germinación de la semilla para juntos hacer el pan.

El pueblo acompañó al Papa durante todo su recorrido por la ciudad de Melo, y lo hizo también en la multitudinaria asamblea de la Explanada de la Concordia. Vale para la memoria, el gran número de presentes, y no la falta de los supuestos ausentes.

Allí, y ante ese pueblo, Juan Pablo II dirigió su Homilía al Mundo del Trabajo. Discurso de altísimo contenido. Conceptual, y valiente. Nos hizo ver que el hijo del carpintero paso la mayor parte de su vida trabajando. Nos hizo ver cómo la Biblia muestra el conocimiento de Jesús del trabajo de campo. De los cuidados que requiere la vid, y la suerte de las distintas semillas de trigo esparcidas por el sembrador. De cómo se expresa dichoso al contemplar los campos dorados, y se enternece con el cariño del pastor bueno carga la oveja que se le había perdido. Nos hace ver que Jesús sabe cómo la mujer mezcla la levadura y la harina para hacer el pan, o cómo se remienda un vestido roto, y también cómo negocia el buscador de perlas. También como mira la suerte de los desocupados.

Juan Pablo también refirió a la encíclica Laborem Exercens. A como el trabajo es dimensión fundamental de la existencia del hombre sobre la Tierra.
Otorga dimensión divina al trabajo. Dice que el hombre con su trabajo completa la obra de Dios.

Explica que el trabajo no es solo para ganarse el pan, y lo santifica.

Pero también se adentra en las discusiones de nuestras sociedades. Habla del derecho al trabajo, se anima en el sentido de la contribución de la razón y de las ciencias humanas.

Habla de la relación de trabajadores, empleadores y estado, y dice de la esperanza de una revolución pacífica en profundidad. Habla de la "hipoteca social" que grava la tierra, y que obliga a que rinda en benficio de la colectividad. Habló de la responsabilidad del patrón para con sus trabajadores, y habló del salario. Les habló a empresarios y sindicatos. Valoró el papel del sindicato. Explicó que el sindicato no es expresión de la estructura de clase de la sociedad, o el exponente de la lucha de clases. Dijo que sí lo es de la lucha por la justicia social, de los justos derechos de los hombres de trabajo. Se acordó del trabajo de las madres de familia, y valoró su papel en la educación de los niños y jovenes. Dios nos hubiera iluminado de escucharle.

Habló de los sistemas de gobierno, de las ideologias. Hay que leerlo. Lleva poco rato y deja mucho.

Como todos los grandes acontecimientos, hubo también detalles valiosos. La confianza de Juan Pablo cuando sin seguridad alguna, se bajó del Papamóvil, para adentrarse en la Catedral, entre la gente. Ese humilde banco donde se arrodilló, que es igual a todos los demás, pero que en él estuvo un Santo. El ibirapitá que plantó. Los sacerdotes y los niños que le llevaron las ofrendas, y su inolvidable recuerdo. Rosa Moreira ante su presencia. La pasada por la Parroquia del Carmen que ese día cumplía sus 100 años.

La difusión del libro "El día en que el Papa fue a Melo" del escritor Aldyr García Schlee, yaguarense de nacimiento, ferviente hincha de la celeste y que creó la camiseta "canarinho" de Brasil. Libro escrito varios años antes de la visita de Juan Pablo II.

También el "¿Cómo está Melo?" con el que Juan Pablo recibió a cada uruguayo que lo visitó en el Vaticano, ya fuera Roberto Cáceres, Sergio Abreu o Héctor Lescano.

Y quedó una película. Valiosísima obra del cine nacional. La mejor de todas las que se han producido en este país. Sobre el texto de un melense, al que conocí de niño, eramos vecinos en el barrio, vivíamos a cuadra y media, un poco mayor que yo, Enrique Fernández. Inteligentísimo. Qué decir de Troncoso, de Charlone, del Cono Lenzi, de Virginia Méndez, de esa chiquita de Melo, que sin preparación actoral alguna, desarrolló un papel increíble, Vicky Ruíz, o de los melenses que desarrollaron papeles complicadísimos a pura condición natural. O de la productora que vendió la casa para posibilitar el emprendimiento.

El "Baño del Papa" no es el contenido de la visita de Juan Pablo II ni pretende serlo. Verlo de ese modo, sería faltarle el respeto al mensaje que dejó la visita, pero mucho más a la creación artística de la película.

En el lugar en que Melo recibió al Papa en el 88, hoy está la Plaza Juan Pablo II, que vista desde el cielo, es el Escudo de Juan Pablo, con su Cruz, las llaves de San Pedro, la M de María, también la tiara papal. Allí se reúnen cada día las familias, juegan los niños, hacen deporte los jovenes. Allí en cada cumpleaños, Melo homenajea a sus buenos ciudadanos.
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