Viernes, 22 de Noviembre de 2019

Campanazo de alerta por la tasa de crecimiento mundial más baja de la década

ColombiaEl Tiempo, Colombia 21 de noviembre de 2019

ricardo ávila - analista sénior de el tiempo
Según el pronóstico del clima, el termómetro en Washington llegará a 24 grados centígrados mañana, pero el jueves habrá bajado a los 17 grados, lo cual hará necesario desempolvar los suéteres y las chaquetas que se quedaron guardados durante el verano y ahora se vuelven indispensables para pasar el otoño

ricardo ávila - analista sénior de el tiempo
Según el pronóstico del clima, el termómetro en Washington llegará a 24 grados centígrados mañana, pero el jueves habrá bajado a los 17 grados, lo cual hará necesario desempolvar los suéteres y las chaquetas que se quedaron guardados durante el verano y ahora se vuelven indispensables para pasar el otoño. Las hojas caídas que ya comienzan a verse en las calles de la ciudad les recordarán tanto a los residentes como a los visitantes ocasionales que el invierno se encuentra a la vuelta de la esquina. Ese marco natural será quizás el más apropiado a la hora de recibir a los ministros de hacienda y banqueros centrales de los 189 países que integran el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), la mayoría de los cuales se congregarán en la capital estadounidense con el fin de asistir a la asamblea anual conjunta de ambas instituciones. Lejos de ser rutinaria, la cita de esta semana tendrá como plato fuerte los debates en torno a la salud de la economía mundial, que muestra señales inequívocas de enfriamiento. Pesimismo al alza Que hay un cambio en la dirección del viento, es algo que pocos discuten. El martes pasado, la búlgara Kristalina Georgieva pronunció su primer discurso como directora ejecutiva del FMI, tras haber sido escogida como la sucesora de la francesa Christine Lagarde, quien ocupará ahora la presidencia del Banco Central Europeo. En sus palabras, la funcionaria señaló que mientras dos años atrás una serie de países que representan tres cuartas parte del producto interno bruto global estaban acelerando su ritmo de crecimiento, ahora hay una pérdida de velocidad en 90 por ciento del planeta. De hecho, la tasa de crecimiento para 2019, que se hará pública en un par de días, será la más baja de la presente década. El campanazo de alerta está justificado. Europa viene en un proceso de ralentización notorio, al igual que China, considerada el gran motor del desarrollo mundial a lo largo de más de tres décadas. América Latina apenas avanza, pues la Cepal calcula que su expansión no pasará del 0,5 por ciento este año, una cifra inferior al aumento de su población. Semejante advertencia parece ir en contravía de otras mediciones. La inflación dejó de ser un dolor de cabeza en la gran mayoría de las naciones ricas, mientras que el desempleo está en niveles muy bajos. Por ejemplo, en Estados Unidos la tasa de desocupación de 3,5 por ciento es la menor de los últimos 50 años. Sin embargo, los ceños fruncidos abundan en numerosas capitales. "Hay una sensación de que la fiesta está llegando a su fin. Aunque la música todavía suena y algunos siguen bailando, las luces comienzan a apagarse" señala el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Luis Alberto Moreno. Dicha sensación se expresa en los vaivenes de los principales mercados que oscilan entre la euforia y la desesperanza, dependiendo del día. Tanto los precios de las acciones que se cotizan en Nueva York, Fráncfort o Tokio, al igual que las cotizaciones del petróleo y otros bienes primarios, han experimentado variaciones bruscas que reflejan una enorme incertidumbre. El nerviosismo es de tal magnitud, que las rentabilidades de los papeles considerados más seguros -como los bonos emitidos por Alemania- es ahora negativa. Pensar que alguien recibirá al cabo de diez años menos dinero del que puso inicialmente desafía toda la lógica, aunque para algunos eso es preferible a hacer apuestas en medio de la turbulencia. Riesgos en alza Si se trata de identificar cuál fue el factor que llevó al Fondo Monetario a adoptar un tono negativo, la respuesta comienza por las disputas comerciales y en particular la guerra que sostienen Estados Unidos y China desde hace 16 meses. Más allá del apretón de manos que se dieron el viernes en la Casa Blanca Donald Trump y el número dos del mandatario Xi Jinping, Liu He, las hostilidades entre las dos potencias ya le pasaron factura a la economía del planeta. De un lado, el aumento en los impuestos que pagan los bienes hechos en la tierra del Tío Sam para entrar a la nación más populosa del mundo, y viceversa, se traducen en un menor intercambio. Las ventas perdidas dan origen a un círculo vicioso que comprende una baja en la producción industrial, seguida de recorte en la demanda de insumos. No obstante, hace todavía más daño la caída en la confianza por parte de los empresarios, que lleva al aplazamiento con carácter indefinido de incontables proyectos. En los cálculos del FMI, el alza en los aranceles costará algo más de 100.000 millones de dólares este año, pero los efectos secundarios valdrán casi tres veces más. Y en el 2020, el impacto será todavía mayor. De acuerdo con el organismo multilateral, la cuenta ascenderá a unos 700.000 millones de dólares, lo cual equivale al 0,8 por ciento de la economía global. La luz de esperanza que se encendió tras el acuerdo al que llegaron Washington y Pekín es todavía tenue. Por ahora lo que sucederá es que una nueva ronda de castigos que entraría en vigor el martes que viene quedará suspendida en forma indefinida, lo cual es bueno. El problema es que lo que está vigente seguirá así, al menos hasta que los dos gigantes encuentren una salida que les convenga mutuamente. Como en el pasado las ilusiones de un entendimiento se desvanecieron en más de una oportunidad, es entendible que los observadores sean un poco más cautos en sus reacciones en la presente ocasión. Aparte de la anterior, hay otras dudas que inquietan. El desenlace del divorcio entre Gran Bretaña y la Unión Europea aún no se sabe, sin negar que las noticias provenientes de Bruselas fueron más positivas en los últimos días. Lo que se conoce como un brexit duro, que se asemejaría a un rompimiento a las malas, traería consecuencias indeseables a ambos lados del Canal de la Mancha. La geopolítica, además, siempre hace de las suyas. Las tensiones en el Medio Oriente, lejos de disminuir, vienen en aumento. Aparte del movimiento de tropas turcas hacia Siria, los misiles que recibió un tanquero iraní cuando navegaba frente a las costas de Arabia Saudita el viernes, elevaron la cotización del crudo. La probabilidad de una interrupción en los canales de suministro que pasan por el mar Rojo es mayor ahora. ¿Qué hacer? Ante la certeza de que es indispensable protegerse del temporal, comienzan a ensayarse respuestas. La más notoria hasta ahora proviene del Banco de la Reserva Federal en Estados Unidos y de su contraparte europea. Aparte de mantener las tasas de interés en niveles históricamente bajas, ambas autoridades están en proceso de inyectarles liquidez a los mercados a través de la compra de diversos títulos. Lo que eso significa, en plata blanca, es que la época del dinero abundante y barato todavía no termina. Tanto consumidores como empresas podrán endeudarse sin mayor dificultad, lo cual eventualmente serviría para reactivar la actividad económica en el hemisferio norte y minimizar los efectos del chaparrón actual. Volver a la estrategia que se utilizó cuando estalló la crisis financiera internacional de 2008 no deja de levantar algunas cejas. Sus defensores señalan que, con la inflación bajo control, no queda otra que cambiar de paradigma y usar herramientas que hasta hace poco horrorizaban a los más ortodoxos. Por su parte, los prudentes muestran que la feria del endeudamiento continúa y que las lecciones de once años atrás quedaron en el olvido. Un estallido de otra burbuja podría dar lugar a una avalancha de efectos negativos, sobre todo ahora que el espíritu de cooperación entre los poderosos es menor, en parte debido a las tácticas unilaterales de Trump. Sea como sea, el mensaje de fondo es el de extremar la cautela. De vuelta al Fondo Monetario, el trabajo que tiene ante sí Kristalina Georgieva es descomunal, pues está obligada a conseguir más recursos para atender eventuales emergencias. El descalabro de las políticas recomendadas en Argentina no son una buena carta de presentación. Aun así, no hay otro ‘bombero’ a la mano que tenga la capacidad de la entidad multilateral para apagar los incendios que se presenten en la economía global. Colombia tampoco puede ser indiferente a los nubarrones en el horizonte. Es verdad que el país está en el selecto grupo de aquellos que crecen mientras los demás se desaceleran, pero sería ingenuo pensar que saldremos indemnes de lo que pasa en otras latitudes. Una demostración de que los vasos comunicantes operan y llevan a que justos paguen por pecadores, se ve en el caso del carbón que ocupa el segundo renglón de nuestras exportaciones. A lo largo del 2019 sus precios han caído en picada, en buena parte porque la ralentización del aparato manufacturero chino lleva a un menor consumo de electricidad. Más plantas de generación de energía operando a media marcha hacen que haya más excedentes del mineral. De la misma manera, el aumento en la tasa de cambio de pesos por dólares está muy atado al nerviosismo de los inversionistas, que se expresa en una mayor aversión al riesgo que representan las economías emergentes. Si bien el billete verde terminó la semana pasada con tendencia a la baja, la tranquilidad brilla por su ausencia. Debido a ello es mejor subir la guardia, por lo menos hasta que exista mayor claridad en el frente internacional. Eso quiere decir, de acuerdo con los expertos, mantener la casa en orden y seguir cuidando el consumo interno, que es el principal motor de la economía nacional. Discusiones clave, como la del presupuesto nacional de 2020 en el Congreso de la República, merecerían un debate más abierto que el observado hasta la fecha. Ante el viento frío que ahora sopla, lo mejor es abrigarse bien. No hay de otra, si de lo que se trata es de protegerse de un entorno global que pinta peor y del contagio de una región latinoamericana en la cual abundan las dificultades.

"Mientras dos años atrás una serie de países que representan tres cuartas parte del producto interno bruto global estaban acelerando su ritmo de crecimiento, ahora hay una pérdida de velocidad en 90 por ciento del planeta".