Pugna en el PC
El Partido Comunista "no funciona con lógicas burguesas", dijo hace tiempo Daniel Jadue
El Partido Comunista "no funciona con lógicas burguesas", dijo hace tiempo Daniel Jadue. Y, en efecto, en cualquier colectividad "burguesa" llamaría la atención el que, con la excepción del propio Jadue, prácticamente todas sus figuras electoralmente más potentes -desde Jeannette Jara a Camila Vallejo, Karol Cariola, Marco Barraza y muchos más- se sitúen en la disidencia interna. En el caso de los comunistas, en cambio, lo que sí sorprende, considerando su tradición disciplinaria, es cómo esta vez la pugna se está dando a vista de todo el país. Este ha podido enterarse de las fortísimas acusaciones de Jadue contra sus compañeros que ocupan cargos en el gabinete (los responsabilizó, entre otras cosas, de ser parte de una "persecución" en su contra) y del reclamo de estos ante una directiva que -cercana al exalcalde- ha jugado a una neutralidad que en la práctica lo avala.
Parecería fácil caracterizar esta como una disputa entre dirigentes "ortodoxos" (Lautaro Carmona, Juan Andrés Lagos, Jadue, Hugo Gutiérrez) versus un sector más aperturista, dispuesto incluso, como hizo Jara, a admitir que Cuba no es una democracia. Sin embargo, si se piensa que la misma Jara hace menos de un año afirmaba que la isla era "una democracia diferente", que Barraza fue un operador clave en la Convención o que Vallejo no ha dejado de celebrar la figura de Lenin, el factor ideológico se relativiza. Más determinantes, en cambio, pueden ser otros dos elementos: la cuestión generacional y la experiencia de gobierno. En lo primero, la disidencia reúne básicamente a los líderes más jóvenes (Vallejo, Cariola, Hassler) y a la generación "intermedia" (Barraza, Jara, etc.) frente a la vieja guardia de Carmona. Pero aún más decisivo parece el clivaje entre quienes han ocupado altos cargos en el Gobierno y los que no. Elocuente es el hecho de que todos los actuales ministros comunistas sean parte de la disidencia. Las críticas que ellos reciben dan cuenta del malestar del otro sector, profundamente insatisfecho con la administración Boric. Un sector que, además, el año pasado se resistía a llevar como candidata presidencial a Jara y que luego no ocultó su molestia ante el intento de esta por asumir un perfil socialdemócrata para mejorar sus opciones.
En diciembre, pese a la amplia derrota electoral sufrida, algunos apostaron a que, tratándose de una figura que de todas maneras consiguió el 40% de la votación nacional, ella podría liderar una renovación o "jarastroika". Nada de eso pasó. Al contrario, mientras el comité central se apresuró a ratificar la línea más dura, la exministra hoy analiza si mantendrá o no su militancia. Es en este contexto que Jadue y otros salieron a arremeter contra sus correligionarios y a hacer además un específico recordatorio, luego de las "herejías" de la campaña: para el Partido Comunista, el apoyo a Cuba simplemente no es discutible. Involucraba esa jugada un emplazamiento a los disidentes y tal vez eso explique la rapidez con que el Gobierno reaccionó y salió a anunciar la entrega de ayuda para la isla: sus ministros comunistas no hubieran resistido el costo interno de ser parte de una administración que se quedara sin hacer nada frente a la tambaleante situación del régimen cubano.
Ser parte de la administración Boric se ha transformado en factor de conflicto interno.