Sábado, 04 de Julio de 2026

Ética... ¿qué ética?

UruguayEl País, Uruguay 4 de julio de 2026

El hombre político no ejerce una profesión, cumple un mandato. Se desea de él lo que no se espera de los demás, estando sometido a la inspección incesante.

Vayamos a incursionar en la política, referido al título de la nota. He abordado el tema, anteriormente, pero sucede que el panorama en términos generales no luce optimista y menos esperanzador. Se ven y escuchan los desmanes que existen en el mundo, el nivel de agresividad que tienen los líderes (cuesta denominarlos así, además), políticos que están imbuidos de desconfianza hacia algunos de sus pares, que se acusan con duros epítetos. Escribía y ratifico la opinión que, si no tenemos buena fe en el trato cotidiano, si no se impone el respeto en la convivencia política, ambos atributos indispensables y previos a todo intento de conciliar alguna cosa, presentía un futuro lúgubre. Pese a que hubo un acto de desprendimiento: el primer ministro británico, Keil Starmer, renunció a su cargo al haber decrecido su popularidad, sin perjuicio de rencillas dentro de su partido, el Laboral. No es óbice a resaltar su actuación decorosa al dimitir.

Hemos sido recurrentes, también, con la citada actividad política y su desarrollo. Ésta se confunde con el interés general; un hombre público (los políticos, vaya que lo son) es un hombre que pertenece a todos, que está inmerso en la sociedad, entonces el ciudadano le exige a dicha personalidad que actúe con dignidad (aún en el error).

El hombre político no ejerce una profesión, cumple un mandato. Se desea de él lo que no se espera de los demás, estando sometido a la inspección incesante de una crítica severa. No solo es responsable de lo que hace o lo que dice; sus abstenciones o silencios le comprometen tanto como sus actos y palabras.

El hombre público siempre está obligado a rendir cuentas y tiene a la ciudadanía por clientela. La política es el arte, la voluntad, la pasión de gobernar. Cuando hablamos de ética nos referimos a la reflexión sobre el fenómeno moral. Ética es la aspiración de una vida cumplida bajo el signo de las acciones estimadas, buenas. Las reglas, las normas, el contenido de la acción humana, refieren a la moral.

Así, los políticos que no están animados por el sentimiento del interés público y buscan en la política un refugio y hacen de ella un oficio cuando debería ser un deber, tienen que ser radiados.

No perdamos de vista que la política es una carrera abierta. A diferencia de las profesiones que exigen diplomas y exámenes, es accesible a todos. Es paradojal que un abogado necesita título habilitante para ejercer y un candidato a la presidencia sale a la palestra, imbuido seguramente de algún don carismático, pero sin la debida preparación para ejercer tan sublime cargo.

En Colombia habría ganado la presidencia el Dr Abelardo de la Espriella, abogado exitoso, un hombre que no militaba en política. Al margen de ideologías de derecha e izquierda que no hacen a la cuestión, me preguntaba si el citado se ha preparado para ejercer la presidencia por la que será investido en el mes de agosto. Y los ejemplos se bifurcan sin pausa, en un contexto que en apariencia luce muy mediocre, siendo ésta seguramente una apreciación sin el fundamento deseado. Pero es lo que visualizo.

El juicio hacia los políticos, sin duda en nuestro país y como apreciación generalizada, ha sido y sustancialmente viene siendo, lindando la censura, no tienen una "prensa" que les es muy favorable. Seguramente estemos imbuidos de una sociedad donde sus buenos valores languidecen, es un momento de decadencia moral y de relajamiento en cuanto a la ética y donde no existe plena conciencia de que se debe actuar con dignidad. Lo expuesto se trasluce, no se puede expresar como una verdad objetiva.

Por ello y sin desmedro de tantas cualidades que deberían pesar a la hora de la decisión, a la actividad política hay que honrarla y no explotarla, hay que dignificarla y no valerse de ella. Volvemos a la ética y las buenas costumbres, también. Por eso remarco que los políticos se deben recíprocamente un trato vibrante pero deferente, corajudo pero honesto, reivindicando con énfasis sus postulados, pero con la dignidad del hombre que tiene sano el corazón.

La corrupción como fenómeno social generalizado, solo puede combatirse por medio de la revalorización ética y la lucha institucional y jurídico penal contra ella, pero sobre todo por la participación de todos los ciudadanos de una manera activa, en la política.

Es en definitiva una ingenua aspiración porque muchos de aquellos se desentienden del fenómeno político y de sus referentes, porque deben priorizar aspectos que hacen a vivir o intentar vivir una vida con un mínimo de decoro.

La tinta de los buenos propósitos es indeleble, los hechos en función de aquellos lucen distantes.




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