Domingo, 09 de Agosto de 2026

Discutir los temores

UruguayEl País, Uruguay 8 de agosto de 2026

Si bien el argumento de que la Coalición como lema desdibujaría la identidad de cada partido parece razonable, tiene un flanco débil.

Con la claridad argumentativa que lo caracteriza, el senador Javier García del Partido Nacional, elaboró su visión de cómo debía evolucionar la Coalición Republicana hacia el futuro. Vaya ruido que generó.

Algunos creen (entre ellos Javier García) que sería bueno que la Coalición se presente bajo un lema común. A la hora del recuento de votos eso fortalecería la adjudicación de bancas. Cosa que hubiera sucedido de haberse hecho de ese modo en la elección pasada.

No todos están de acuerdo. Hay quienes temen que una alianza más formal desdibujaría el perfil de sus partidos, especialmente cuando esa identidad se remonta a los inicios de la república. Quienes están en esta postura prefieren seguir como hasta ahora. Cada uno por su cuenta y recién en la segunda vuelta ir juntos.

Más allá de si unos u otros tienen razón, hay algo que los partidos implicados deberían considerar y es que sus planteos parecen hechos como si hubiera una cantidad ya fija de votos; un número irreductible y no demasiado diferente a los de las últimas elecciones nacionales.

Lo que deberían hacer es mejorar sus estrategias para aumentar su votación en la primera vuelta, en octubre, que es cuando se conforman las bancadas en ambas cámaras.

El Partido Colorado es quien más se muestra reticente a formalizar la Coalición. Tiene derecho a tener sus reparos, pero a veces los expresa como si fuera capaz de obtener el 50 por ciento de los votos, cosa que no ocurre y nada indica que lo hará en el futuro cercano.

Lo que sí debe hacer es diseñar estrategias para superar las barreras de las elecciones anteriores lo cual lo hará un socio fuerte en la Coalición y en un eventual futuro gobierno. Es notorio que el Partido Nacional tiene un fuerte predominio en el interior. Pero eso se hace más visible en las elecciones departamentales que en las nacionales, pese a que, si bien importa ganar la Intendencia, también es relevante que cada departamento tenga mayor presencia en la primera vuelta, en la votación de octubre, que es donde está su punto débil. Si el partido quiere tener más bancas, tendrá que reforzar su estrategia de campaña para la primera vuelta.

Estas son las prioridades que ambos partidos deben atender, más allá de cómo resuelvan el funcionamiento de la Coalición. Sumar los votos de los socios es importante. Pero para que realmente rinda, cada uno debería aportar más a las urnas de lo que ha hecho en el pasado.

Los dirigentes más reticentes a avanzar en la Coalición cotejan quizás con sus allegados cercanos, aferrados a tradiciones y lealtades partidarias, más que al votante común que no es militante, apenas adherente, y que por lo general vota siempre al mismo partido.

Esa es la gente que reclama por una Coalición consolidada. Quiere votar a su partido preferido, sin duda, siempre y cuando encuentre al final del camino la garantía de que mediante la Coalición habrá una común visión de país que responde a una misma tradición republicana y liberal.

La pregunta a hacerse es si los dirigentes de ambos partidos están escuchando ese reclamo o están absorbidos por sus respectivos microclimas.

Si bien el argumento de que la Coalición como lema desdibujaría la identidad de cada partido parece razonable, tiene un flanco débil: pensar que por integrar una coalición como la que se propone (en muchos aspectos muy laxa) ello afectaría su identidad refleja una inseguridad no fundamentada. Significa reconocer que la identidad partidaria ya era débil y eso la hace fácil de ser erosionada por solo aceptar un acuerdo interpartidario.

Formalizar la coalición implica desafíos. Uno de ellos derivó en una prueba ya aprobada con buena nota: la de haber gobernado juntos durante cinco años, desde el comienzo hasta el final del período. A ello habría que sumar la coordinación con la que hoy actúan los tres partidos desde el Parlamento.

Pero viendo los temores expresados, hay otro desafío a asumir y es el de trabajar para consolidar esa identidad política e histórica de cada partido, para que una alianza no la afecte. Si ese es el temor, el objetivo es fortalecer aquello que a algunos preocupa.

Habrá que ver cómo evoluciona la discusión de hasta donde extender la Coalición. El momento de discutirlo, es ahora justamente por estar lejos de las elecciones y por lo tanto lejos de las presiones que ellas conllevan. Ahora es cuando cada parte puede discrepar, volcar ideas y también temores sobre la mesa hasta afinar una idea consensuada.

Para ello, debe predominar una certeza por encima de cualquier otra: solos, ninguno de los partidos llegará al gobierno. Y eso no es lo que esperan sus votantes.

Mientras eso se discute, los partidos (todos ellos) tienen deberes para hacer. Uno es reafirmar en forma clara y rotunda esa identidad que tanto les preocupa y la otra es ir pensando en cómo llegar a la gente, especialmente a la que nunca los votó, para ampliar su caudal electoral.

No hacerlo es caer en una resignación que sus votantes nunca perdonarían.
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