Nuevamente Cardama
La conferencia de prensa que organizó el gobierno entrante, anunciando la rescisión tuvo mucho de fantochada política.
Hace unos pocos meses publiqué en este medio una nota referida al caso Cardama. Pienso que la misma fue mal entendida. Allí dije, que excluía de mis consideraciones las "polémicas sobre la elección del astillero, los sucesos relacionados con esa opción, la actuación de la marina uruguaya o los pagos realizados, debida o indebidamente efectuados." En el resto de la misma solamente procuré dilucidar las razones políticas, morales y jurídicas, por las cuales el contrato debía rescindirse. Sin embargo, fui objetado o apoyado, como si me hubiera referido a la totalidad del proceso de adquisición de los buques o las responsabilidades derivadas de ello. Desde la elección del astillero hasta sus ocurrencias posteriores. Un propósito que estuvo muy lejos de mi ánimo.
Búsqueda del 27 de agosto, publicó un artículo de Adolfo Garcé, referido a la dura polémica actual sobre el tema, con fuertes acusaciones por parte del Frente Amplio a los ministros de Defensa de la época, a la Armada y alusiones al expresidente Lacalle Pou así como a la dura réplica de la oposición, amenazando con denunciar penalmente a la ministra Sandra Lazo. Una situación que más parece de carácter pre bélico que político. Garcé agrega que no hay por qué asumir a priori "que hubo joda". Las circunstancias del momento exigían rapidez y determinación, Uruguay necesitaba y necesita con urgencia contar con las patrulleras. Cardama era una opción discutible, pero lejos era la más barata, así lo confirmaba la Marina uruguaya, cuyas opiniones técnicas resultaban decisivas en el caso. Confieso que yo no conocí ninguna declaración del Presidente Lacalle sobre el tema, pero era lógico que se guiara por la opinión de sus ministros así como la de los técnicos abocados al asunto. Tampoco supe de ninguna crítica, fuerte, de fondo, por parte de la oposición respecto al proceso de adquisición en curso. Sí se sintió cierta tolerancia por parte del gobierno anterior frente a las permanentes dilaciones que planteaba el contratante. Seguramente la necesidad de mantener el contrato las dictaba.
Adolfo Garcé sostiene y yo concuerdo con su opinión que, dado el momento, pudieron darse conversaciones entre uno y otros partidos. Lo que estaba en juego eran los intereses del país. No obstante se prefirió seguir otro camino. La conferencia de prensa que organizó el gobierno entrante, con presencia protagónica del Presidente de la República anunciando la rescisión tuvo mucho de fantochada política, plena de tambores y fanfarrias, allí se señaló implícita, pero claramente, al gobierno anterior como culpable de la situación. No se consideró que ése, en cambio, hubiera sido buen momento para contactos interpartidarios, se optó por el escarnio público. No obstante difiero de Garcé, en su duda respecto a que Cardama quisiera estafar al estado Uruguayo. Con independencia de sus propósitos cuando contrató, no hay duda que trató de hacerlo cuando en el segundo año de su vigencia le envió garantías groseramente falsas. Desde ese momento, aún cuando se ponga en riesgo la suma ya entregada, no cabe otra opción que la resolución del contrato. No es a éste, ni al anterior gobierno al que se pretendió burlar, es a la dignidad del Estado uruguayo y a la de cada uno de sus ciudadanos.